Todo comenzó una tarde de verano con una conversación común entre madre e hijo. Como cualquier otro día ordenábamos la máquina de los helados del local donde trabaja. Después de acomodar los Centella en una posición privilegiada, disparó.

-Hijo, tu que sales más seguido, quiero que me compres un libro…- Se ve nerviosa, algo que de cierto modo es común en ella – Es un libro prohibido…- Inmediatamente intuí hacia dónde iba la micro, pero a veces las micros se salen de curso. Sobre todo en Valparaíso. Así que decidí otorgarle el beneficio de la duda por unos segundos más.
-¿”50 Sombras de Grey”? No hueis, no voy a pasar por eso.-
– Por favorrrr. Es que me lo recomendaron y me da vergüenza comprarlo yo.- Con millones de copias vendidas alrededor del mundo, acarreando un dudoso boom “literario” a cuestas y con el imborrable rótulo de “porno para mamás”, “50 Sombras de Grey” se había vuelto el innegable secreto a voces de un considerable porcentaje de las mujeres en mi entorno. Si bien uno esperaría que todo el hype que se armó por el sadomasoquismo romantizado tuviese al menos alguna pequeña reminiscencia estética, el libro, viéndolo desde un punto crítico holgado, no es un producto que se caracterice por tener inventiva ni un desarrollo literario que vaya más allá de lo estrictamente básico. Después de todo, sólo estamos hablando de un fanfic de Crepúsculo.

-Puta mamá, si quieres leer algo así mejor lee al Marqués de Sade, yo te paso los libros…- Amplía la desesperación en la mirada, tiene en mente seguir insistiendo, pero le genera pudor. Es entendible, para una mujer pasados los 50 y con una clara formación conservadora, debe ser incómodo acceder a algo así. Incómodo y molesto, como la primera vez que uno debe comprar condones, o como la primera vez que asistes a una rectoscopia o examen prostático. Pensé en hacerla sufrir un poco más, pero como el mundo está hecho de buenas acciones y de vez en cuando uno debe incurrir en sacrificios por sus seres queridos, accedí sin mayor problema. Hoy las tres copias piratas descansan en su librero junto a “Ensayo Sobre la Ceguera, El Diario de Ana Frank”, libros religiosos y su colección de autoayuda.

En mi ausencia la novela no se mantuvo quieta, pasó de mano en mano. Como si fuera “¿Quién se ha llevado mi queso?”, se convirtió en una nueva terapia de liberación para las mujeres de la familia. Lo que para una familia de carabineros, es decir, criada bajo la presión constante de una estricta formación machista, está más que bien.

Con los meses llegó el esperado anuncio del estreno de la adaptación cinematográfica, que como todos sabemos gracias a una extensa sobreexplotación publicitaria en los noticiarios y matinales nacionales, desató la histeria colectiva por querer ver a estos nuevos héroes de “acción” en versión carne y hueso. Dicho boom obviamente alcanzó la curiosidad de mi madre.

Casualmente el estreno de la película de “50 Sombras de Grey” coincidió con una nueva visita al rincón familiar, en donde además de viajar, compartir con amigos y no poder desligarme del trabajo, fui víctima del segundo asalto. Fue otra tarde común de verano, leía “Gone Girl” (otro Best Seller chatarra por cierto) esperando a que la escasa brisa se colara por la ventana, cuando fui interrogado por mi madre. Comienza preguntando por el libro, de que trataba, le explico que de una mujer loca y sus insuperables esfuerzos por ser mujer más loca de la comarca, explico también que David Fincher hizo el traspaso a la pantalla grande, eso generó el chispazo.

-…Por favor hijo, me da vergüenza ir sola. Quería ir con tu tía Jessica pero parece que no le tinca.-
-Puta mamá, si quieres ver algo así mejor…- Actualmente las bondades de internet te permiten acceder a una amplia gama de sadomaso en la comodidad de tu hogar. Desde el elegante spanking, hasta la humillación escatológica, pero ciertamente no es la mejor idea mandar a tu vieja a ver un video femdom donde una Mistress ahorca a un gueón con un cinturón mientras le pega con una varilla en los riñones para obligarlo a mear dentro de un globo. Lo pienso unos segundos desde el punto de vista de hijo. Las madres siempre se sacrifican por uno; si las mamás gato le chupan el poto a sus hijos cuando están estíticos y se comen a los que nacen feos, entonces ¿por qué yo no podría incurrir en -otro -incómodo sacrificio para devolver la mano?

Compramos entrada para la función de las 19:30, estaba de buen ánimo. Incluso saliendo de la casa rumbo al cine se entretuvo bromeando con sus mascotas: “No molesten, tengo una cita con Christian Grey, hoy soy soltera”. Mientras íbamos en el taxi rumbo al cine intenté ponerme al tanto del fenómeno mundial.

-¿Cuál es la gracia de 50 Sombras y de Christian Grey?-
-Muchas dueñas de casa que solo leían el diario se dieron el trabajo de tomar el libro y leer. Muchas engancharon como yo y leyeron los tres. Las joyas, autos, lencería, todo está muy bien descrito…-
-¿En alguna parte explican por qué Christian Grey es de esa manera?-
-En el desenlace del tercer libro sale. Era un psicópata, pero el amor de ella lo cambia. Eso es lo que todas las mujeres quieren, cambiar al hombre. Él tenía tantas cosas malas…. pero era tan bueno en lo otro que no importaba lo malo.-
-¿Pisando?-
-Eso.- Momentos madre-hijo que puedes sacar a relucir como anécdota en funerales.

Cine colón. Saco la cámara para fotografiar la fila y automáticamente todas las viejas se urgen. Se escabullen como ratones, se esconden como cuando desbaratan una red de alguna guea y agachan la cabeza para no salir en la tele. Sin mayor insistencia decidimos entrar. Nos sentamos en la sexta fila, al centro. Con solo observar sobre el hombro se podía notar que sala estaba compuesta en su totalidad por mujeres, salvo pequeñas excepciones era casi como ir a Patronato. El 80% son mujeres maduras, de 40 – 50 años, que asisten en grupos. Están en su segundo aire, son activas, bulliciosas. De ese tipo de mujeres que van al karaoke y cantan a coro “Yo no soy esa mujer” de Paulina Rubio, o en su defecto, “Hacer el amor con otrooo” mientras sus amigas histéricas responden de fondo “¡si, si, siii!”. El 10% son lolitas progre con pinta de pelolais, como esas que veranean en Montañita y usan coronas de flores para las fotos de Instagram. Un 6% de la sala estaba ocupado por pololos, presentes por dos claros motivos: Fueron irremediablemente arrastrados por sus parejas sin la opción de huir, y los pololos “astutos”, quienes esperando a que el film haga lo suyo, aprovechen la instancia y finalmente puedan mandarlo a guardar por el chico. Lo cual es un error, ya que las mujeres quedarán a merced de Christian Grey y ciertamente no puedes competir con un hombre, aunque sea ficticio, que según el libro es capaz de pisar 5 veces seguidas, sin interrupciones ni descansos, acabar en cada una de ellas con la potencia para apagar el incendio en las Torres del Paine y que con la misma corneta descorcha una botella de champaña para que su amada pueda disfrutar un trago bajo la luz de la luna llena. Un 3% de hombres solos, de esos que la venden como artistas independientes, según ellos sensibles, asistiendo para complacer a su lado femenino, de esos que cuando los cuestionas te preguntan ”¿acaso no crees en el amor?”, pero que en realidad están ahí para engrupir minas o para que el hecho de haber visto la película le sirva para hacerlo. Revolcón que resultará infructuoso por la explicación anterior. Y finalmente yo, el 1% restante. Que, cayendo en generalizaciones, podría pasar como sujeto de estudio de Freud.

Sin trailers que dilaten, le película decide comenzar abruptamente. La sala permanece activa, atiborrada de sonidos. Se escuchan silbidos, risitas nerviosas. Cada referencia al control o algún atisbo de la presencia de Cristian Grey desata algún cacareo: El cover de “I Put a Spell on You” de Annie Lennox, Jamie Dorman trotando, la famosa corbata, etc. La última vez que estuve ante una sala tan bulliciosa fue para el estreno de “Pokemon: Mewtwo contraataca”, el 2000. Ahora estaba ante un fenómeno similar, Un coro de vaginas cantando al unísono, como el festival de bulbasaurs predicando para evolucionar. Como los na’vi de Avatar intentando revivir a alguien. Mi madre se ve ansiosa, pero sin llegar a los límites de sus congéneres, distiende el ambiente con un chiste sobre su nuevo lugar de trabajo.

-Cuando esté atendiendo la ferretería así mismo llegará Christian Grey… jiji-

A esta altura todo el mundo está al tanto de la breve trama del film, incluidos los pormenores ajenos a la interacción entre los dos personajes principales, la que para entendernos se come el 90% de la cinta. Básicamente la historia y la acción tras este fenómeno de masas se puede resumir en cómo un multimillonario manipula a una mujer sin personalidad y lo disfraza de amor, aderezado con unos cuantos correazos para hacer pasar el sometimiento como sadomasoquismo.

Christian Grey es un multimillonario que obtiene todo lo que quiere, ya sea por un berrinche, presión financiera o manipulación psicológica, lo cual no representaría ningún problema como arquetipo de personaje de haber sido bien estructurado. El fallo con Grey parte en la base sobre la cual está construido, su desarrollo y composición no responden al deseo de crear un personaje verosímil, sino a elaborar un producto comercial. Para lograrlo, E.L. James le colgó cada cliché existente y de cada cliché imposible, para que nuestro galán quedase como un árbol de pascua generador de suspiros.

Así como Arjona escucha el concierto de Aranjuez después de culear, Christian Grey hace lo propio tocando el piano, pero no lo disfruta, sino que sufre, para demostrar que a pesar de ser el macho rudo, tiene sentimientos. Tiene 27 años, la edad promedio de los hijos de las consumidoras del film/libro, físicamente es perfecto, tonificado, inteligente y probablemente mea dentro de la taza. El dinero también juega una parte importante en la ecuación, ya que obrando como manifestación del amor, los paseos en helicópteros, los libros y los autos de regalo sacaron más suspiros en la sala que cuando Jamie Dorman expuso su torso desnudo por primera vez. Detalles para engatusar y de la perpetuación del producto que dan pie al error más grosero en torno al sometimiento de la mujer, ejemplificada de manera magistral por Anastacia.

Anastacia Steele es la escogida, la mujer común y corriente que puede combatir contra los sentimientos oscuros de Christian Grey. Es la llave para llegar al corazón de la bestia y aliviar el dolor. Pero las buenas intenciones no siempre son suficientes.

Anastacia comparte los mismos problemas de estructura que su compañero de armas, desconozco si este error se acarrea desde el libro o si es sólo un vicio del film, de todos modos está y es evidente. La joven está hecha en función de su amante, no como un personaje que vive a través de su interpretación, sino que es un agregado para desarrollar a Christian Grey como figura dominante. Es decir, su existencia es el opuesto diametral a un film que dice abogar por la independencia y liberación de los impulsos sexuales femeninos.

El personaje interpretado por Dakota Johnson vive la alegoría de la virgen indefensa que solo puede ser rescatada de la miseria por el príncipe azul. Su sumisión no tiene relación con el sado o su predisposición a las dinámicas de este, sino que se grafica en la nula capacidad de obrar sin la duda, esto la convierte en el ser sin confianza preciso para esculpir a punta de manipulación. Grey le dice lo que quiere escuchar, le regala lo que le gustaría tener. Esto despierta automáticamente el amor, a pesar de que las consecuencia de este enamoramiento fugaz sean soportar humillaciones, golpes, la obsesión y el ser vigilada como señal de preocupación y no de una incipiente psicopatía que terminaría con el huevón con una orden de alejamiento o con una causa de “femicidio” a cuestas. Claro está que esta lectura no es la principal en la sala, la humedad del ambiente demuestra que la “forma” tiene mayor peso y no el mensaje entre líneas. El cuento de abolición de la independencia y la aceptación de un fascismo corpóreo son dejados de lado por las preocupaciones banales de un galán detallista que se preocupa de que puedas tener el pubis depilado y liso como delfín. A pesar del festín quincuagenario, mi madre bosteza, me alegro de no ser el único aburrido.

-¿Esto tiene trama en algún momento? Tengo ganas de mear.-
-Es como el comienzo.-
-¿Qué? no hueís. ¿Qué toda la película se va a tratar solo de ellos?–Sí, o sea… Son ellos nomas, pero después explican el porqué de las cosas. Ya viene la parte de la habitación roja…- Tras un estirado preámbulo, finalmente llega la escena que pondrá en manifiesto el sentido del film, el clímax tras toda la preparación en el entramado, el motivo del “impacto” literario y el jugueteo con el taboo; la manifestación del sado masoquismo en la Red Room of Pain.

Además de los detalles de consulta previa en el tema (lo que desemboca en situaciones como las cuerdas que dejan marca en la piel, el Shibari sin nombre, o lo de Anastasia y el fisting) no esperes ver a Marlon Brando usando una barra de mantequilla como lubricante anal o un clítoris cercenado con una tijera a lo Lars Von Trier, hay más masoquismo en videos de Dir En Grey que en 50 Sombras. Violencia aparte, lo preocupante de la cinta es que el contrato de Amo/Esclavo (instancia acordada entre ambas partes que pone límites a la interacción en base a las capacidades o deseos de cada participante) es reemplazado por una manipulación macabra, la que no solo podría acabar en la pantalla, sino que podría engatusar a un porcentaje del público gracias a la glamorización y el romance. Por lo que el par de cachetadas en el culo de Dakota Johnson durante la escena pasan a segundo plano y ciertamente son menor de los problemas. Aun así, estoy sentado en una sala de cine escuchando a esta jovencita gimiendo como venado herido. Con mi mamá al lado.

Los minutos restantes son paja molida, nada que no reafirme el fallo ya expuesto. Una breve insinuación a que había una trama detrás de todo, Anastasia intentado romper el yugo (pero dando a entender que ya es demasiado tarde), la repetición de la escena del ascensor, transición a negro y fin. Al salir, y luego de observar a un par de féminas fumando el cigarro de rigor, me sentí vacío respecto a la película, como si el tiempo robado también se hubiese llevado algo de la trama. Con algunos reparos le pregunto su opinión a mi experta colaboradora, decidimos hablar al respecto mientras nos tomamos un café y un té respectivamente.

-¿El libro tiene trama en algún momento? ¿Pasa algo más?-
-En el libro él igual se la pasaba puro tirando, no, ¿cómo era la palabra? Pero ahí dijeron… cojo, cogiendo. Él se la llevaba puro en eso nomás, a veces 3 o 4 veces al día. Me llamaba la atención, como tanto, ya era a cada rato, a la cabra la sacaba en calidad de bulto. Pero si, el libro va mucho más allá. –

-¿De que va todo ese romanticismo simplón? ¿De verdad “compras” algo así?
-Es que es una película pa’ mujeres, porque a pesar de que el tipo tenía sus rayones era lo que todas las mujeres esperan de un hombre, que te regalen cosas, que te trate como una reina, etc. Él le compra hasta la ropa interior, la viste, la manda a depilar, todo. Al final es romántico, porque igual conservan ese cuarto, pero ya no era todo ahí, podían ir a su dormitorio.-

-¿Qué te gusto de la película? ¿Los actores que tal?-
-Me gusto el viaje en avioneta, o aeroplano… Esa cosa. Me gusto la música, los paisajes, la parte donde él la está esperando en helicóptero en la azotea del edificio.- Hace una pausa para recordar- Las mesas, ¿viste tú las mesas? de madera, en bruto. Bonitas. Ella encuentro que estaba bien. Él no. Andaba con el cuello desordenado, se abotonaba un solo botón y se lo abotonaba mal porque tenía que abotonarse el de abajo y se abotonaba el de arriba, parecía tonto. Cuando empieza la película y se pone las mancuernas, bien, pero después empezó a guatear… Aparte lo encontré muy joven, como que no tenía la edad. Era un flacuchento, ese cabro tenía como 24 años, 25, era súper chico. No me gustó para nada. Yo pensé que iba a salir enamorada, pero no. Él era perfecto en el libro y este gallo no era perfecto.- Esa perfección es el punto de quiebre, si bien es totalmente cuestionable por la dudosa ilusión romántico/sexual que se reafirmada con la proyección de un materialismo exagerado, parece tener un único e importante punto positivo: Al dejar de lado el cuestionamiento del “texto” y sobrepasando los “peligros” de la mal interpretación, tenemos un intento de parte del público de romper una herencia pacata en torno al sexo impuesta por años de tradición. Un escape simple a la rutina y en este caso en particular, un acto de rebeldía sincero por parte de quien intentó enseñarte toda tu vida a no ser rebelde.

-¿Verías las que vienen?-
-Vine por la curiosidad, pero no iría a ver la segunda. Pa’ cagarme de frio de nuevo no. Estaba todo el rato con frío, me dolían las rodillas, con el café se me pasó. ¿Vamos hijo? Mira que tengo que darle comida a los perros.-

Written by E. Lara
Periodista. Fundador de Misanegra.cl, Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música.