El desayuno y los minutos previos al medio día estuvieron acompañados de aquel  mantra recitado por un juez eslovaco de mirada poco organizada. Afuera el sol seguía quemando el concreto al igual que todos los días, la única diferencia era que ese cantico monótono se había vuelto un  rumor general que se colaba de cualquier aparato electrónico. Una vez que la televisión, la radio e internet anunciaron la resolución del juicio todo pareció quedar suspendido, algunos preguntaban, como si fuera un partido de fútbol, “¿quién ganó?”, otros puteaban por no tener muy claro el retrato, mientras que la gran mayoría decidió seguir con sus acciones cotidianas.

Las calles de Arica por lo general están vacías, hoy el panorama desértico se maximizó y se extendió hacia lo urbano; a esa hora sólo crucé camino con un perro solitario que vagaba en rumbo contrario.  Me detengo en un almacén del barrio, la encargada revisa la cobertura que uno de los medios capitalinos le daba al evento. Chilevisión mostraba un mar de personas molestas que amenazaban con hacer justicia con sus propias manos. –A la gente le interesa el destino de Chile, están viendo lo de la soberanía.- comenta la dueña del local mientras me entrega una botella de agua. –Ahora no vamos a poder ir a la playa.- Agrega entre risas. Le devuelvo la sonrisa y me retiro confundido por ese despacho televisivo de planos muy cerrados que exponía lo que parecía ser una turba de ariqueños furiosos. Decido entonces partir rumbo al centro de la ciudad no sólo para experimentar cómo se vive el día en que Chile perdió un pedazo de mar, sino para ver cómo se había alzado, lamentablemente, una suerte de activismo de la ignorancia.

Al contrario de lo que el clima periodístico dicta, Arica no se había vuelto un campo de batalla, el desarrollo de las actividades comerciales seguía de la misma manera, aunque con menos población activa. Mientras el colectivo perfilaba rumbo al centro de la ciudad, un despacho hecho por radio Cooperativa se coló por los parlantes. Zoila Bustamante, Presidenta y representante de los Pescadores Artesanales de Chile -quien no reside ni trabaja en Arica- reclamaba sobre el  inmenso daño que la millas perdidas le hacían al trabajador ariqueño, en sus palabras,  ahora se perdería la pesca del tiburón, bacalao y la palometa.  Su efusivo discurso dejaba de lado detalles tan simples como que en la delimitación final el 90% de los recursos explotables están en las millas que pertenecen a Chile, que el tiburón, el bacalao y la palometa se pescan a tan solo 50-60 millas mar adentro, en dirección Sur a Arica, y el detalle más importante, que la zona en disputa, gracias a la ley de pesca, pertenece y es explotada exclusivamente por Corpesca, división pesquera del grupo Angelini.

La alarma del colectivero se activa ante las palabras de la dirigente –Lo que se ganó con sangre y muerte no se puede regalar amigo, tamos mal ahí. Yo trabajo en el mar también, una milla es caleta, son 1250 kilometros.- Aclaraciones aparte, una milla náutica en realidad es un 1 kilometro y 852 metros, intento aportar a la discusión pero un pasajero alarmado interviene e interroga al chofer. Hablan por un par de minutos hasta que el hombre al volante expone su plan a futuro –No importa, igual vamos a demandar al estado, pa’ ver si sacamos algo de plata.-

El panorama a través de las redes sociales era igual de retrogrado, mientras un niño jugaba a ser astuto posteando “no soy hermano de ningún peruano hijo de perra” para intentar ganar aceptación entre sus pares, otros tantos se quejaban de que la muerte de Arturo Prat había sido en vano, probablemente sin saber que Prat y La Esmeralda combatieron en Iquique el 21 de mayo de 1879, lugar en dónde cayeron derrotados sin ningún logro de por medio, no así lo obtenido el 7 de junio del año siguiente, en dónde el coronel Pedro Lagos indexó (mediante un asalto que duró 55 minutos) a Arica al mapeado nacional. Tampoco faltaron los que invocaban la marcialidad prusiana de Pinochet, quien según los fascistas de notebook, no hubiese cedido ni una gota de mar en una situación similar. Paradójicamente el asesino es el único mandatario que estuvo a punto de darle salida soberana al mar a Bolivia, mediante el Acuerdo de Charaña de 1975.

Me deshago del exótico viaje al alcanzar mi destino. Hubo que caminar sólo una cuadra para encontrar de frente a la turba iracunda que inundaba las calles de la ciudad según la televisión capitalina. El grupo de personas, compuesto en su mayoría por pescadores y patriotas improvisados, distaba mucho de ser un movimiento ciudadano, en su totalidad estaba conformado por no más de 200 manifestantes. Banderas chilenas, lienzos a favor de la pesca, pancartas anti peruanos y unas cuantas banderas negras que evocaban los paros de actividades de los años 90, eran los estandartes que se lucían en medio de la extrañeza de los turistas y transeúntes que pasaban por el lugar . El grupo decide virar en dirección norte, en la intersección de calle 18 de septiembre con Velázquez. “¡Guerra! ¡Guerra!” gritaban, bajo el comando de un par de viejas cincuentonas. La performace, tiene uno de sus puntos complejos al cruzar por el costado de la galería comercial Las Palmeras, lugar reconocido por tener locatarios de nacionalidad peruana. A pesar de los roces, el asunto no pasa a mayores.

Un pelmazo de camiseta roja que sólo levantaba la voz cuando tenía las cámaras de frente se alza en un discurso motivacional –Esto no tiene que ver con ningún chileno, es contra los peruanos…-. Si bien el fallo fue gestado en Holanda, logra captar la atención de la masa. -… ¡perdimos y los milicos no hicieron nada!-. Elucubran, conversan, conspiran. Deciden entonces ir a reclamar al Regimiento Rancagua, enrostrar la cobardía de los militares ante la afrenta limítrofe. Me uno a la marcha, esperando resultados. Las quejas ahí dentro no son muy organizadas, el tramo entre el centro de la ciudad y el mencionado recinto castrense es acompañado por la divertida narración de como Vlado Mirosevic, Diputado, se escondió al borde del llanto en una oficina para evitar ser lapidado en las inmediaciones del puerto.

La batalla campal duró poco tiempo, el carro lanza aguas de Carabineros ahogó cualquier intento de expresión. Uno de los patriotas descargó su ira contra un despacho en vivo de Canal 13, quizás por estar en el lugar y el momento equivocado, quizás porque, convenientemente, un día antes del fallo C13 transmitió un programa sobre las cualidades turísticas de Arica, situación que no se repite el resto del año. 20 minutos después, cuando el calor le hizo recordar a los manifestantes amateur que los días seguirán pasando de la misma manera, cesaron las actividades.  Volviendo a la rutina, dejando los conflictos de lado, conviviendo con los mismos peruanos de siempre.

Mientras que en Arica la calma y la tarde se disipan entre las cuecas que Radio Neura repite hora tras hora como un último intento de adoctrinamiento nacionalista, a 2 mil kilómetros de ahí, y, cayendo ante el discurso convenido por los medios, un grupo de “neonazis” recorre Plaza de Armas reclamando la soberanía extraviada, amenazando a cualquier individuo que represente oposición a sus reducidas ideas. Cualquier excusa sirve para validarse, inclusive fingir que realmente les importa y conocen la situación de Arica, aquel terreno perdido entre dos países que intenta desligarse a duras penas de los políticos corruptos, del circulo de fuego que impone el monopolio de los medios de comunicación y lo más importante, de las duras garras del olvido.

El mismo olvido que aplicarán en un par de semanas más el activista pseudo-patriota, el pendejo falto de atención, el reportero amarillista del medio capitalino y el sindicalista con ambiciones monetarias. Dejándonos a nosotros con nuestra patria inexistente, nuestro pueblo fantasma libre de fronteras, al que finalmente no le importan las líneas imaginarias, ni el chauvinismo imberbe de unos cuantos.

Edgard Lara T.

Written by E. Lara
Periodista. Fundador de Misanegra.cl, Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música.