Lo peor del invierno parecía haber pasado; agosto ofrecía sus últimos estertores agónicos antes de disolverse por los primeros rayos de sol de la temporada, quedaba un par de semanas antes que la tibieza comenzara a borrar el rastro del frío y las incómodas lluvias. El 17 de agosto del 2012 fue uno de estos desquites climáticos, la temperatura más baja de la jornada se registró cerca de las 5 de la madrugada, alcanzando tan sólo 5 grados. Lo gélido estuvo acompañado por lluvias intermitentes que se mantuvieron hasta medio día. Bajo ese escenario comienzan las actividades laborales en los alrededores de calle Unión Latinoamericana, la postal se dibuja entre charcos de agua, bicicletas y el vapor de los vasos plásticos con café. Cerca de ahí, en calle Arturo Godoy, en aquel callejón tras el centro comercial Portal Edwards, un grupo de hombres acomodados entre cartones y un improvisado colchón intenta resguardarse de la lluvia. En las puertas del Estadio Víctor Jara, apretados unos con otros como perros con frío, intentan descansar lo mejor posible. Las rejas del estadio se cerraron temprano, la insistencia por entrar y obtener un rincón donde pasar la noche llegó a oídos sordos, los militares encargados de custodiar el lugar se mantuvieron firmes y no cedieron a peticiones civiles. No hubo mayor remedio entonces que dormir a la intemperie una vez más.

Cerca de las 11 de la mañana el aguacero comienza a diluir, los refugiados que tuvieron la suerte de entrar al gimnasio se había retirado hace horas, sólo quedaba el pequeño grupo de la entrada, que con la inequívoca señal de que la lluvia se apagaría, comenzaban los preparativos para marcharse del lugar. Uno de ellos parece no responder al llamado, parece inmutable a la insistencia de sus compañeros. Es comprensible de todos modos, en un día como este nadie quiere dejar de abrazar el calor del sueño y encaminarse a los quehaceres diarios acompañado de los pinchazos helados que deja la llovizna en el rostro. No reacciona cuando lo zamarrean, ni cuando tironean la sábana que un gentil militar facilitó al grupo de refugiados.

El anciano murió abrazando su propio cuerpo; no fue suficiente, el apretón sólo sirvió para que cuando levantaron su cuerpo 13 horas después, el rigor mortis mantuviese aquella postura. El hombre, desconocido ante todos los efectos legales, periodísticos y sociales, falleció frente a los ojos del sistema que intentaba protegerlo, a metros de poder entrar al Estadio Víctor Jara, el lugar que bajo un pomposo anuncio, Joaquín Lavín decretó como el nuevo albergue de emergencia que el Ministerio de Desarrollo Social y su flamante Plan Invierno, dieron como solución a la ola de frío polar que azotó la capital.

El 6 de Julio del 2012 la comitiva conformada el Presidente Sebastián Piñera y los ministros Joaquín Lavín y Andrés Allamand, decidió habilitar el estadio Víctor Jara como recinto de emergencia. Bajo la supervisión de Víctor Arriagada Martínez, General de Brigada y Comandante de la División Logística del Ejército de Chile, el local daría alojo a 120 personas necesitadas. Un mes antes, el 1 de Junio, se había puesto en funcionamiento el Plan Invierno, con un mes de funcionamiento hubo que aplicar el protocolo de emergencia, los albergues oficiales de la Región Metropolitana se habían saturado.

El Plan Invierno lleva dos años de funcionamiento, forma parte del programa Noche Digna del Ministerio de Desarrollo Social, su función en esencia es la de brindar protección a las personas que se encuentran en situación de calle en nuestro país en la época de bajas temperaturas, es decir, mejorar la calidad de vida para prevenir problemas de salud y deterioros graves por la falta de condiciones favorables. El programa logró que de un año a otro disminuyera en un 50% la cantidad de personas fallecidas por frío a lo largo de todo Chile. Su desempeño recae en dos polos de atención: el alojamiento en un lugar específico y la atención en calle. En cada una de estas ramas se entregan packs de ayuda y atención. Específicamente las prestaciones son la entrega de un kit alimentación, un kit abrigo, uno de cuidado e higiene, así como atención básica y derivaciones de salud.

Los beneficiarios del plan son las personas consideradas en “situación de calle”, lo que para efectos prácticos son las personas que pernoctan en lugares públicos o privados que no cuentan con una infraestructura que se pueda considerar como vivienda. Según las bases del Ministerio de Desarrollo Social son personas que por carecer de un alojamiento fijo, regular y adecuado para pasar la noche, encuentran residencia nocturna – pagando o no por este servicio- en lugares dirigidos por entidades públicas, privadas o particulares que brindan albergue temporal. Pertenecen a este grupo quienes alojan en residencias y hospederías, solidarias o comerciales. Además de los factores esquematizados por las organizaciones existen constantes y variables que si bien no se desarrollan en todos los casos, intervienen en la clasificación general como en el caso particular asociado a la investigación.

Son las 6 de la tarde de ese largo viernes y aún no levantan el cuerpo, el retraso inicialmente se adjudica a varios factores, ajetreo de fin de semana, el cambio de turno del Fiscal a cargo, entre otros motivos más creativos. La espera se debe a que el vehículo del Servicio Médico Legal debe seguir un itinerario que abarca desde Rancagua hasta la capital. En algún punto intermedio del recorrido mortuorio la camioneta se había estancado quién sabe por qué razón.

Somos varios los que estamos a la espera, la noche está cerca y los parroquianos del estadio comienzan a llegar, la diferencia de cualquier día habitual es que no nos podemos acercar demasiado, la cinta de plástico que Carabineros colgó para delimitar el perímetro sale al paso y retiene a la gente en dos grupos considerables. En el grupo que acompaño existe un bullicioso ambiente de tensión, un hombre cuarentón con dos muletas que descansaba sobre la muralla trasera del Portal Edwards, intenta ponerse de pie, lo logra con dificultad, mas no es su discapacidad la que pone trabas al desempeño. Comienza una acalorada discusión con una mujer, ambos gritan y forcejean por una botella mal escondida dentro de una bolsa plástica.

-Estos se vuelven locos con el ron, pierden la cabeza. Están así por que los pacos todavía no se van. No pueden tomar tranquilos.- Manuel bordea los 50, al igual que la mayoría está esperando que el procedimiento acabe para pasar la noche en el albergue. Llama la atención su manera de desenvolverse, no mira a los ojos, cuando habla agacha la cabeza, como si estuviese en un constante estado de disculpa. -Cuando toman no les dejan entrar porque arman peleas. Yo creo que eso le pasó al finaito, se puso a tomar y los milicos no lo dejaron entrar.- Mientras hablamos, vuela una botella de en medio del bullicio, la petaca se quiebra en la mitad del pasillo, Carabineros parece ignorar el asunto y se mantiene custodiando al desconocido, que ahora yace abrigado con un nylon negro.

Las suposiciones de Manuel no están alejadas de la versión oficial. El parte inicial y la información que reparte la prensa “formal” tienen al alcohol como protagonista del deceso; Canal 24 Horas recogió el suceso enfocándose en el uso del líquido: Un indigente de 70 años murió la tarde de este viernes en las inmediaciones del albergue que funciona en el Estadio Víctor Jara. El hombre prefería dormir afuera para poder beber alcohol, puesto que no se permite ingresar bebidas de ese tipo al recinto. De la misma manera, Joaquín Lavín, en una entrevista breve sobre el caso, repitió los motivos: “las causas de muerte están siendo investigadas en este momento, influyeron el frío y también situaciones que tienen que ver con el alcohol”.

El trago es aquel factor indirecto que se volvió una constante en estos casos, culpable de muchos decesos y conductas asociadas a la indigencia. Tanhya Herrera, funcionaria del Hogar de Cristo, quien ofrece apoyo a la Coordinación del Plan de Invierno explica que no es posible generalizar en términos personales frente a la gente en situación de calle, ya que cada uno presenta realidades diversas, pero sí se puede establecer un perfil que incluye el consumo como variable presente: “Como constantes podemos encontrar más hombres que mujeres, son personas en situación de abandono, tanto por el entorno familiar como por otros espacios sociales, como amigos o la vida laboral, aunque en la calle la lógica es de “compañerismo” frente a quienes viven la misma situación. La mayoría posee un consumo problemático de alcohol y drogas, esto refleja un deterioro significativo en cuanto a sus habilidades sociales, conductuales, psicológicas y físicas”.

La relación frío–alcohol nace de la sensación momentánea de calor que otorga el beber, siendo que en realidad produce lo contrario; cuando el cuerpo es expuesto a bajas temperaturas disminuye la circulación en las extremidades ya que la sangre caliente se concentra en el pecho, la cabeza y los órganos vitales. El alcohol funciona como vasodilatador, hace que los capilares de la piel se dilaten con lo que llega a ellos más sangre. Esto produce sensación momentánea de calor que reconforta ante el frío pero en realidad se está produciendo una pérdida de calor, ya que la sangre al estar tan cerca de la superficie corporal se enfría más rápido.

Si bien todo parece indicar que el caso puede sumar una raya más a la lista de decesos por esta combinación de factores, en el caso del anciano fallecido no fue así, ya que él no podía beber alcohol.

-El viejito era quita’o de bulla, no molestaba a nadie. Se sentaba ahí a esperar nomás. Los otros eran los molestosos. Llegaba mucho vola’o y cura’o que se aprovechaban del espacio, venían pa’ acá a tomar nomás. A veces se agarraban a combos y tiraban botellas pa’l bandejón. Nosotros teníamos que sacarlos de acá por que nos espantaban a la gente, a veces intentaban abrirle los autos.- La señora Fresia se sienta en una banca de madera a recordar la situación, se desempeña hace años como cuidadora de autos en el sector, muchas veces tuvo que compartir con el grupo de indigentes, lo que le permitió reconocer ciertos detalles del caso al momento de conversar. – Cuando lo levantaron el pobrecito estaba agusanado, quedaron los gusanos tirados ahí en el piso. Estaba enfermo de hace tiempo, andaba así tranquilito, tomaba pura bebida nomás por que no podía tomar copete, sino se iba corta’o.-

Ariel, guardia de seguridad del Portal Edwards de hace tres años a la fecha, si bien no conoció al difunto, reafirma la constante sobre el grupo que causaba problemas en las inmediaciones. Además, se refiere al funcionamiento del flamante sistema de resguardo asignado por el Ministerio de Desarrollo Social: -Todo Malo. Está lleno de basura ahí, nadie limpia. No se preocupan mucho por lo que la gente hace. Se tomaron la calle esa, a veces venían a la esquina de aquí a machetear y a molestar a los que pasaban. Está mal hecho eso, se notaba que ahí había dos grupos, los que realmente necesitaban y los que se aprovechaban. Como nadie fiscalizaba ahí, hacían lo que querían, sacaban los colchones y los vendían, total nadie les decía nada. Otros hacían la fila, recibían la bolsa con comida y se iban.- Ariel ahonda su crítica, enfocándose en la flexibilidad de los horarios de funcionamiento del albergue. Según información oficial del plan, el horario de atención sería de las 17:00 a 09:00 horas del día siguiente, sin restricción de ingreso para ofrecer resguardo e igualdad de condiciones a los afectados. Cronograma que en la práctica parecía no ser respetado. – Los milicos se aburrían temprano, en las noches cerraban las puertas y en la mañana los sacaban temprano, a las 6 de la mañana ya estaban todos fuera. Está mal eso, a esa hora hace más frío que nunca.- Ciertamente, según la dirección Meteorológica de Chile, las temperaturas más bajas de todo el invierno se registraron en promedio entre las 05:00 y las 08:00.

Cecilia es una simpática mujer que trabaja en una cordonería ubicada en calle Unión Latinoamericana, lleva 30 años de experiencia en el rubro, su local queda perpendicular al pasillo en cuestión, desde ahí ha sido testigo de muchas de las situaciones ocurridas en las inmediaciones del Local: – La patotita salía temprano, a veces se quedaban durmiendo fuera del estadio, otras veces hacían una fogata para abrigarse. Varias veces tuve que llegar a barrer las cenizas de la fogata que armaban aquí afuera. Igual era peligroso, si saltaba una chispa al local se podía incendiar ¿Te imaginas tú?-

Todos estos testimonios y detalles; la ausencia de alcohol, la existencia de una enfermedad previa del difunto y la arbitrariedad de horario fueron corroborados por un Carabinero de la 2da Comisaría de Santiago, que para efectos prácticos de la investigación decidió permanecer anónimo. Presente en varias instancias del proceso no duda en apuntar a los militares como los culpables detrás del deceso. Según el reporte del Servicio Médico Legal, la defunción fue cerca de las 6 de la mañana, cerca del horario en que salía la gente. A simple vista el anciano estaba en un avanzado estado de desnutrición producto de una enfermedad estomacal y el abandono como tal, lo que podría explicar la presencia de parásitos en la escena. El registro en el Consultorio Nº 5 Unión Latinoamericana, centro de salud que se hizo cargo del cadáver, determinaron que la muerte no tuvo relación con el alcohol, sino exclusivamente por la hipotermia. Las pesquisas avanzadas de Carabineros indicaron que el grupo, de 5 personas aproximadamente, no pudo ingresar por el ”boche” y por llegar tarde al horario impuesto por los militares a cargo. Horario que no debió existir.

Los indigentes son esquivos, cambiantes, su exceso de libertad se vuelca también en su sociabilización, por eso es difícil establecer un vínculo duradero a menos que se pertenezca al sistema al que pertenecen. Sergio tiene la piel curtida, como si hubiese crecido en el norte. Cuando me atiende tiene un bidón de 5 litros de Cachantún pegado a la boca, cada cierto rato inhala el concho de bencina que baila en el fondo. Su punto de vista ayuda a determinar la relación y reacción de los militares frente al protocolo: -Los milicos culiaos son terrible e’ cuáticos. No te dejaban entrar. Si andabai en piño y estabai tomando no te dejaban entrar, si uno toma pa’… tu cachai po. Así son estos culiaos con la gente que es como uno nomás. (…) Si cerraban la hueá, si llegabai tarde cagaste, te quedai afuera…. ¿Queri?- Me extiende el bidón con bencina, intento recibirlo en señal de cortesía pero Sergio se anticipa, lo retira hacia un costado y se ríe.

La noche del 16 de agosto el anciano desconocido y su grupo llegaron más tarde de lo acostumbrado al estadio Víctor Jara, ya había oscurecido y la rigidez prusiana amenazaba con quitarles el abrigo. La recepción conformada por conscriptos de rango inferior no cedió más que la reja ante las peticiones de resguardo. Hubo entonces que volver a la alternativa común, conseguir cartones y mantenerse bajo la marquesina del Teatro para esquivar la lluvia. Las horas pasaron y el frío se colaba por la piel, retorcía los huesos. Iniciaba entonces el irreversible proceso de hipotermia en el organismo del hombre de 70 años. La somnolencia y los temblores involuntarios ya se habían hecho presentes en su cuerpo, quedaban sólo un par de pasos para completar el “procedimiento” biológico.

Los cartones no eran escudo suficiente frente al hielo que subía desde el piso, este fue el motivo para volver a consultar en la reja. Peticiones más tarde, los peones del General Arriagada facilitaron un colchón. Al momento de entregarlo los conscriptos notaron el estado del anciano. Ingresaron nuevamente al recinto y enviaron mantas para todo el grupo. Con eso debía ser suficiente. La reja se cerró y la noche volvería a mantenerse dentro de sus movimientos y ruidos habituales dentro de poco, cuando aquel castañear de dientes se cansara de sonar.

El desconocido fue la última víctima del clima del 2012, las circunstancias de su muerte no tuvieron mayor revisión que un par de líneas en los medios al día siguiente del deceso. No tuvieron relevancia para ninguna de las instituciones involucradas. En el estadio Víctor Jara no quieren hablar del tema, las trabas y derivación entre funcionarios lo confirma. Coqueta a su manera, jugueteando con un parche que lleva en el dedo medio, la Secretaria del lugar explica que el protocolo les tiene prohibido entregar información a los medios. De todos modos no hay mucho que decir, el estadio estaba a cargo de los Militares ese día. El Ejercito de Chile no reportó ningún castigo o baja relacionada al evento. Carabineros efectivamente logró identificar a aquel hombre que intentó tentar a la desgracia, pero según como explican por teléfono “el archivo se perdió, lo teníamos hace como un mes, pero ya no está. No aparece por ninguna parte…”.

No importa. Ante un sistema que falló cuando debió entregar lo mejor de sí, cobijar y resguardar las necesidades de alguien que no podía valerse por su cuenta frente al designio natural, el anonimato parece un escape digno.

Edgard Lara T.

Written by E. Lara
Periodista. Fundador de Misanegra.cl, Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música.