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POKE – Capítulo #002

–¿Qué haces aquí?– Como se volvió costumbre, la Tamara desconoce de cariños y me saca del local enterrándome las uñas en el brazo.
–Hey, me duele. ¿Qué parece que hago? Busco trabajo.
–Pero no donde YO trabajo. Ándate antes que me metas en atados.
–¿Qué tiene de malo que busque trabajo aquí? Yo podría comerme el borde de las masas y dejar las pizzas cuadradas…
–Chao Maxi– Comienza a darme empujones, arrastrándome de a poco a la calle.
–¿Necesitan gente aquí sí o no? Te puedo dejar un currículum…– Me cierra la puerta del local en la cara, me quedo afuera acompañado del ruido de las campanas que avisan cuando alguien abre o cierra la puerta.

A las 9 de la mañana ya estaba fuera de la casa bañado, peinado y todo eso que uno hace cuando va a buscar trabajo. Sin tener mucha idea de dónde empezar, hice un recorrido a lo largo de la cuadra, dejando currículums en el cyber donde imprimí, así como en los almacenes que tenía cerca. En todos pusieron la misma cara que vi en la Tamara horas más tarde. Cuando me dejé caer en la pizzería había caminado 8 cuadras, en 4 ya había repartido la mitad de las hojas y de paso había perdido parte de la esperanza. Hay cosas que es mejor no forzarlas, es un designio de la naturaleza, ¿quiénes somos nosotros para ir en contra de la divinidad?

–Sí, sé que el cartel dice que buscan señoritas, pero imaginé que podrían necesitar a alguien más, limpiando la barra o algo así.

El “café” es angosto, oscuro y tiene un extraño aroma a óxido. Aparte del cajero hay un par de hombres tomando cerveza en una mesa. Al fondo se pasean un par de figuras femeninas con poca ropa, o eso creo, la poca luz no las define mucho; cerca de mí una señora a la que se le arrancan los rollos por los bordes de la ropa barre el linóleo quebrado del piso. A Lechuga le pareció una buena idea preguntar.

–No compadre, necesitamos minas nomás– No me mira con mucha gracia ni ánimo.
–¿Te puedo dejar el currículum porsia…?
–NO.
–Ni siquiera tienes carne como para ponerte a bailar con las chiquillas– La mujer gorda me pellizca el poto y se ríe fuerte, como esa gente que no se ríe para sí, sino para llamar la atención del resto. Me volteo rápido en reacción, solo para toparme con un alegre delfín que nada y salta feliz por el movimiento de las tetas en donde está tatuado.

Salgo de la cantina entre carcajadas, afuera me espera el Lechuga y sus ojeras habituales, está sentado sobre una bloqueta, sorbiendo con una bombilla el hielo acumulado en un vaso de lo que parece ser una raspadilla, o como le dicen los santiaguinos siúticos, granizado. Creí que si tenía un compañero de búsqueda la frustración iba a ser menor, pero no es así. Ahora solo sé que perdí un par de horas valiosas intentando convencerlo de que acompañarme era mucho mejor que jugar TCG Online, horas que pude invertir en algo útil.
Y sigo sin trabajo.

–¿Algo?
–Nada. No puedo creer que en todo Meiggs solo haya vacantes de trabajo para mujeres. Esto es discriminación, es una vaginocracia– Caminamos, nos perdemos en el brillo pálido del sol invernal que rebota en el pavimento, en medio de los puestos comerciales rodeados de gente, en los carros de sopaipillas con el aceite reciclado en eterna ebullición. Pasamos al ambulante que vende el paracaidista de plástico y las carnicerías con olor a descomposición.

–¿Hielo?
–No, gracias– Nos sentamos en la cuneta –¿Qué hago? No me quiero ir, no me quiero alejar de las cosas que ha comprado la Tamara.
–Mira, tengo una idea. Por aquí cerca hay una mascotería donde venden un pavo real, la atiende un negro musculoso, tú lo distraes haciéndote pasar por algún güeón de “Extranjería y Migración”, entonces yo…
–Hablo en serio. No quiero que las cosas se acaben, no por mi culpa al menos. He estado pensando y creo que tiene razón, necesito madurar o cambiar mis prioridades. Sí, se pone medio tonta a veces…
–Harto tonta.
–…pero no me gustaría estar lejos de ella.
Callamos durante un largo rato. Lechuga rompe el silencio.
–Puede que no sea un buen consejo, pero no me parece bueno ni saludable que dejes de ser tú por darle en el gusto. ¿Vas a dejar de lado lo que has mantenido durante años? ¿Vas a olvidarte de todo el proceso de haber convertido la vergüenza en orgullo? Serías muy huevón, le terminarías por regalar tu alma, ahora sí por completo. ¿Eso es lo que de verdad quieres?
–Todos terminamos vendiéndonos en algún punto y por la resistencia terminamos cobrando el precio en rebaja. Además, no le veo otra solución a la falta de plata. Pensé en vender  las cartas, las figuras, los juegos y los Gameboys. Podría, pero no sé si alcance a justificar un sueldo mensual con eso, una paga diaria tal vez, pero ¿qué pasará cuando se me acaben y no tenga que vender?– Nos quedamos callados de nuevo, Lechuga parece entender la solemnidad del momento y decide mantenerse mudo.

La tarde se agota y se esconde tras los hangares comerciales. El frío emerge del piso y nos congela las tripas, es la señal de que tengo que volver a la casa acompañado de la sensación de derrota. De vuelta conversamos de diferentes temas, Pokémon, fútbol, televisión, hasta del clima, cualquier cosa que sirva para distraer.  Como es costumbre, Lechuga me deja en la reja de la casa. Nos despedimos como es usual, camina un par de pasos, pero esta vez se devuelve.

–Oye, hay algo que…– Duda, parece confundido– No, nada. No importa. Chao– se marcha. Me quedo callado y no le doy importancia al hecho, mi mente ahora tiene que idear una buena excusa o frases lo suficientemente reconfortantes como para ganar un poco de esperanza y bailar antes de que el cielo se venga abajo y con ello deje la cagada. A pasos de la puerta suena mi celular.

Lechuga llamando…

–¿Qué pasó?
–Mira, sé de algo que puede que solucione tus problemas, pero igual es arriesgado y no sé si será bueno arrastrarte.
–¿Tú y tu venta de pornografía de nuevo?
–No, no es eso. Tiene que ver con las cartas Pokémon.
–Ok, te escucho.
–¿Te acuerdas de que hace un tiempo corría el rumor de que un par de tipos se paseaba por donde jugábamos, buscando “talentos”?
–Sí, pero eso quedó como un mito, a varios nos pareció extraño pero no lo suficiente como para despegar las cabezas de la mesa. Eso sin contar que la mitad de la gente que juega tiene problemas de lenguaje y nunca se levantó a preguntar qué querían realmente. ¿Por qué la pregunta?
–Porque es real…– La situación no dejaba de ser extraña y ridícula, más ridícula que extraña. Pero preferí seguir el juego para ver hasta donde llegaba todo.
–¿Cómo que es real? ¿Como Don King? ¿Buscan jugadores para representarlos y auspiciarlos? ¿Para que usen camisetas de hilo con cuellito, con los logotipos de una empresa bordados? ¿Una huevá así?
– No, no así. Es como los campeonatos, pero sin los subnormales que ven yaoi. Es diferente, peligroso, corre mucha plata en las apuestas, algunos apuestan coca o quién sabe qué más. No me gustaría meterte en atados, pero eres mi amigo y ya estas con problemas. Se me hace la forma más inmediata de que puedas conseguir plata basándose en lo único que sabes hacer. Yo te puedo ayudar para que el riesgo sea compartido…
–¿Es un chiste cierto? ¿Esperas que me crea eso? Mafiosos apostando plata en un juego de cartas, sonaré a cuando la Tamara se pone perra pa’ sus cosas, pero es solo un juego. Sí, de animales con cualidades únicas y especiales que los hacen más desarrollados que cualquiera de los bichos que tenemos en nuestro entorno, pero al final de todo, es solo un juego.
–No tienes por qué creerme…–Hace una pausa– …Mañana te puedo mostrar cómo es, ahí me dices que tan real puede ser y si te arriesgas a entrar y cargar con todo lo que eso conlleva. Es como cuando los perros culean, entrar es fácil, lo complejo es salir.

Cruzo la puerta sin procesar ni la mitad de lo que me escupieron por teléfono. Me topo en seco con la mirada inquisidora y curiosa de la Tamara. Está sentada en la cama, planchando el pañuelo que usa al cuello como parte de su uniforme. Siento como finge calma esperando a que yo diga algo. Como es costumbre, ella dispara primero.

–¿Cómo te fue?
–¿Sabes?, parece que bien.

Written by E. Lara

Periodista. Fundador de Misanegra.cl, Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música.

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