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POKE – Capítulo #004

–¿Qué vamos a hacer? Nos van a matar, vamos a despertar con la “Corbata Colombiana”, flotando en el mar, o alguna de esas güeás horripilantes que hacen los mafiosos para deshacerse de la gente. ¿Cómo le explico a la Tamara que me van a matar? Se va a enojar conmigo– Caminamos de vuelta lentamente entre las lápidas del Cementerio. Las nubes están grises y con ganas de caer sobre nosotros. El aire se volvió más helado y la ropa más delgada. De un momento a otro todo pareció fallar e irse en nuestra contra.

Nunca he terminado de entender cómo funciona la mente de Lechuga, pero en casos extremos logra mantenerse entero, lo que en esta situación evitaría que corriese a la primera comisaría que encuentre para salvarme de morir dentro de 96 horas. Tiene un temple de acero, bajo presión es una máquina sin terminaciones nerviosas ni corazón. Esta, no fue la ocasión.

–Cagamos…– Se agarra la cabeza con las manos, endureciendo aún más el semblante de preocupación–…He visto como llega gente nueva que de un día a otro desaparecen. Los despachan por soplones, eso mismo nos va a pasar a nosotros– Ahora toca invertir los papeles, independiente que no sea el indicado, tengo que tratar de mantener las bases del castillo de naipes emocional que éramos en ese momento.
–Lechuga, cálmate. ¿Tú cómo entraste? ¿Quién te auspició?
–Cuando yo empecé era más fácil, no estaban faltos de “carnadas”. Eso hace que todo se complique.
–¿Carnadas?
–Caras nuevas, gente nueva que funciona como gancho para los apostadores. Se arriesgan y apuestan a lo desconocido, solo por la novedad. Por lo general son malos jugadores, así que hacen que la plata se mueva. ¿Te acuerdas de los “caza–talentos”? Ellos estaban ahí buscando gente para eso. Así le inyectan movilidad al bloque cuando están escasos de jugadores nuevos con voluntad propia o de jugadores malos que sirvan de “trampas”. Cuando no hay carnadas, la plata que te piden para entrar es más, porque necesitan que el dinero que vas a meter al sistema sea comparable al promedio que un apostador hiperventilado pone en la mesa. En términos simples; a menos gente, necesitas mover más plata para que el negocio se mantenga.
–Debe haber algo que podamos hacer. Hay que pensar en frío…
–Ya tengo frío…
–…Y calmarnos. Tenemos que ser prácticos. Si los dos trabajamos por conseguir lo mismo solo chocaremos y nos daremos cabezazos. Voy a intentar conseguirme plata para armar el Deck, comprar buenas cartas, aprendérmelas de memoria, trabajar en esconder las debilidades y agregar algunas mañas para sacar provecho más rápido. Tú como eres el de los contactos, intenta conseguir la mayor cantidad de plata dentro del plazo que tenemos.
–Nadie va a querer prestarme 500 lucas, es mucho, nadie va a querer comprometerse así– La falta de esperanza de Lechuga me despedazaba los nervios. Reacciona como un niño asustado, se ve asustado. Si él, que aguanta tan bien la tensión, está de esa manera, significa que la idea de despertar degollado no es tan lejana.
–Intenta lo mejor que puedas. Te llamo más tarde y te pongo al día sobre cómo me fue.
Nunca he sido muy cariñoso con Lechuga, pero esta vez me despido con un abrazo. Fue comprensivo y me abrazó también; ahora somos hermanos de sangre, cómplices de la tensión de este absurdo hueveo.

Después de caminar sin rumbo durante un rato para despejar la cabeza, paso a visitar a la Tamara al trabajo. Antes de entrar pensaba en confesar todo, en ir a refugiarme en ella y buscar una solución juntos. Pero el simple hecho de imaginar su reacción al saber que en realidad no busqué trabajo, sino que intentaba ganarme la vida en apuestas ilegales de cartas Pokémon, sería agregarle agonía extra a mi sentencia de muerte. Inhalo. Exhalo para calmarme. Entro a la pizzería y me dejo caer en esas sillas viejas de mimbre, me recuesto un poco sobre el mantel de cuadros rojos y blancos. Llega la Tamara. Me saluda. Me dice que la espere hasta su hora de colación. Lo hago. Juego Shuffle en el celular. Pierdo las 5 vidas. Se sienta a mi lado. Hago mi mejor intento de que las cosas no parezcan tan mecánicas e impersonales. Creo que lo logro.

–¿Qué pasa Maxi, no quieres comer? A ti te gusta cuando el queso queda crujiente en los bordes de la pizza.
–Sí, es solo que estoy nervioso con… con este trabajo…
–Trabajar como “reponedor” en Sodimac no es tan complicado. Además el turno nocturno es más relajado. Deberías estar contento porque al fin, después de tanto tiempo, lograste encontrar pega– Me sujeta del brazo y se apoya reposando su mentón sobre mi hombro. Es un lindo gesto. –¿Cuando empiezas?
–En cuatro días más….– Trago un poco de Pizza. La verdad debe ir ante todo, pero a veces es necesario mentir para mantener la relación a salvo, para evitar que el daño caiga sobre quien quieres. Según lo acordado con Lechuga, mi parte consiste en conseguir el mazo a como dé lugar, ahora que las defensas están bajas es hora de actuar. Todo sea por nuestro bien.
–Tamara, ¿me prestarías plata para comprar zapatos nuevos? Necesito botas de seguridad para el trabajo.
–¿De seguridad? ¿Son esos bototos con punta de metal que te protegen de accidentes en las patitas?
–Esos mismos. Te devuelvo la plata cuando me paguen mi primer sueldo– Se demora en responder, mordisqueo los palitos de ajo haciéndome el huevón.
–Sí, cómpralos, ¿cuánto necesitas?
–No mucho, 20 mil pesos si los compro usados– El 5% de mi misión ya estaba resuelta, una vez más gracias a la Tamara. Cambio el tema rápidamente para que la situación se vea como un trámite pasajero. A medida que se desarrollaba la conversación su ánimo va mejorando, sonríe, bromea, tiene destellos de la mujer despreocupada de años atrás, todo por la simple ilusión de tranquilidad que proyecta mi supuesta nueva vida laboral.

Después de terminar el almuerzo y despedirme, parto al Espacio M, un centro comercial ubicado a cuadras de Plaza de Armas, cuyo patio de comidas fue invadido por jugadores de diferentes juegos de cartas. Invierto toda la tarde allí, transando con pendejos y gordos vírgenes con mochilas tapizadas de parches bordados. En parte por insistencia, en parte por intimidación logré conseguir rebajas en los precios. Ya tengo un mazo con capacidad competitiva, es relativamente decente, dentro de lo que me permite el dinero. Descargué un poco de tensión, cumplí con mi parte el trabajo, aunque debo decir que es absurdamente sencillo en comparación a lo que Lechuga debe lograr.

Le mando una foto del nuevo mazo por celular. Necesitamos optimismo, mantenernos en la ilusión de que podremos salir de esto, segundos después me llama.

–¿¿Ese es tu Deck?? ¿¿Nuestro Deck??
– Si, ya tenemos mazo– Escucho un grito de alegría, una pausa, y luego vuelve al teléfono.
–Puta, que buena noticia. Lo twittearé.
–¿Qué? ¿Tienes Twitter?  ¿Desde cuándo?
–Me hice una cuenta para pedirle plata a Farkas. Después le pedí a Karol Dance, pero no conseguí nada más que un par de fans molestos, eso y muchos retweets.
–¿No vas muy bien con tus contactos, cierto?
–No tengo nada. Como te dije, no conozco a alguien que me pueda prestar esa cantidad. Sigo pensando, buscando allá al fondo de mi cabeza a alguien que pueda ayudar, pero no llego a nada.
–Pensaré en alguien también, pero lo veo difícil. Tengo que descartar a mi familia y a la Tamara. El único conocido que me quedaría serías tú– Escucho un suspiro seco del otro lado del teléfono. Silencio.
–… ¿Que cartas compraste?
– No alcanzó para tener un Pokémon principal, veré como arreglo eso, por ahora el mazo tiene: 2 Espeon, 2 Vaporeon, 4 Eevee, 3 Musharna, 3 Munna, 3 Hypno, 3 Drowzee, 1 Doduo, 1 Dodrio, 3 Great Ball, 3 Team Rocket Trickery, 2 PlusPower, 2 Interviewer’s Questions, 1 Cheerleader’s Cheer, 2 Twins, 3 Potions, 1 Life Herb, 1 Professor Elm, 1 Professor Oak, 14 Energías Psíquicas y 5 Energías Agua.
–Suena correcto ¿Cuál Dodrio?
–El que tiene el Poke–Body que mientras está en juego te baja en dos el coste de retirada del Pokémon activo.
–Hay que invertir en arreglarlo, pero ya podemos sentarnos en una mesa con esas cartas.
–Lechuga, quiero que estés tranquilo, vamos a salir de esta, confío en que puedas conseguir a alguien que nos auspicie por unos días al menos. Repasa todos tus conocidos con calma. Mañana nos juntamos y golpearemos puertas si es necesario.

Aunque suene irresponsable, me siento aliviado al entregarle el peso de mi vida a otra persona. Estoy preocupado pero, de camino al purgatorio, es mucho más cómodo caminar sin el equipaje de las responsabilidades sobre los hombros. Sé que Lechuga lo está pasando horrible, me alegro de no estar en su pellejo. Mi excusa y mi mantra de auto convencimiento para no parecer mal amigo, es la concentración. Necesito concentrarme, volcarme en esas cartas y aprender a ganar. Ganar por sobre todas las cosas.

Se acaba el primer día de la cuenta regresiva. Tamara se está poniendo cariñosa bajo las sábanas. Estoy ido, fuera de esta cama, fuera de esta piel. Vuelo al plano imaginario del sudor frío y dolor al cual toda esta mariconada ilógica me mandó a dar un paseo. Volando por ahí me encuentro a Lechuga, que debe estar de la misma manera, doblado en su cama, callado, sufriendo en silencio. Peleando sus propias batallas.

Written by E. Lara

Periodista. Fundador de Misanegra.cl, Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música.

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