in

POKE – Capítulo #011

–¿Entonces, creyó que todo iba bien?
–Sí, le dije que estábamos esperando que terminara una grabación para poder seguir planteando la idea, pero que se había puesto feliz de volver a trabajar con él. Luego de eso tuvo que colgar porque tenía que seguir vigilando la funeraria.
–¿Cómo le explicamos esto?– Siento la cara deforme, como si se cayera a pedazos, está hirviendo a pesar del invierno eterno. Sentados en este paradero destartalado controlamos la situación montando un escenario ficticio para Don Pablo, necesitamos que al menos uno de nuestros patrones sienta la tranquilidad que no tenemos. Una estrategia básica, creo. El plan por ahora es esperar hasta poder cumplir con el trabajito que Ginebra nos puso por delante, suena sencillo, igual que todos los fallos anteriores.

–¿Cómo fue que nos metimos en esto?
–Era hacer caso o terminábamos violados y muertos, no en ese orden específico. Al menos esperar no suena tan mal– Según las coordenadas que nos dieron, estamos en el lugar exacto, ahora debemos esperar a que nuestro contacto aparezca. Ha pasado una hora cuarenta minutos y no hay señas de presencia alguna.

–Si te tuvieras que pisar una Pokémon, ¿cuál sería y por qué?
–No, ¿de verdad? ¿Es necesario responder?– Lechuga sonríe, hace rato que no lo veo distraído. Por lo mismo decido seguir el juego. Pienso un poco, no es tan difícil escoger. Claro, siempre y cuando uno se rebaje a caer la fantasía de un escolar que se pajea con catálogos de lencería Avon.
–Ni cagando Jynx, tiene los labios mamones eso sí, pero se me hace poco maniobrable. Para mí estaría entre Gardevoir y Lopunny. Las Gardevoir tienen cara de niña buena, como inocentes, y andan con esa huevada como baby doll, eso les suma puntos. Como son flacas, me las imagino con las pechugas redondas, así como duras…
–¿Pechugas? ¿Acaso eres mina? Tetas, hueón, tetas.
–Sí, como sea. Las Lopunny son culonas como las colombianas, todo bien hasta ahí, pero me descoloca que los machos tengan el mismo diseño, las mismas caderas.
–O sea que “El Carlita” es una Lopunny…– Según la descripción y el video de contenido muy gráfico para mi gusto, “El Carlita” es un transexual de 1 metro 80 al que le gustan los piercings, salivar en exceso y que probablemente tiene síndrome de Ehlers–Danlos, de lo contrario no explico tanta flexibilidad. La misión consiste en esperar a que aparezca y escoltarlo amablemente al estudio de Salomón. No había letra chica en el contrato, por lo tanto hay un porcentaje alto de que todo salga mal.

Rasco un par de costras de sangre seca pegadas sobre uno de los cortes en mi labio, cuento imaginariamente los moretones repartidos por mi cuerpo, pensando en alguna excusa creíble que los pueda justificar. En este momento preferiría estar respirando humo de cigarro ajeno con las cartas de frente. Ya me había aclimatado al lugar y, a pesar de ser peligroso, la sensación de victoria me hacía sentir seguro.

–¿En serio hay industria porno en Chile?– Siento cómo la herida de mi boca se refresca y vuelve a arder igual que el momento en que fue hecha. Decido dejar las costras en su lugar y limpiar con mi lengua el hilo de sangre que comenzaba a brotar –…Siempre pensé que acá solo había amateur con malas cámaras, como lo de Reichell y Hanito, al final daba más risa que otra cosa–. Nos veo nuevamente sentados, enfrentando nuestros problemas como mejor sabemos hacerlo: hablando de porno. Sonará inmaduro o que estamos evadiendo la situación, pero hemos pasado por tanto en tan poco tiempo, que esto ya es parte de la dinámica. A la larga la evasión da resultados, alivia las penas, los dolores y las preocupaciones.
–Chile no tiene industria y nunca la tendrá, hay gente soñadora que quiere que aquí surja una nueva Ibiza, pero el chileno promedio prefiere andar escondido, mirando sobre el hombro en los cafés con piernas, a tener que admitir el porno como una herramienta social. Eso cagó a Reichell, ser la primera actriz porno chilena le pasó la cuenta, creo que se hizo canuta y se fue a vivir al campo, o algo así.
–¿Entonces qué hace Ginebra?, dijiste que era reconocido– Siempre es un agrado ahondar en ciertos temas con Lechuga, es un almanaque de conocimientos innecesarios. Ante los ojos inquisidores de aquellos que se autoproclaman maduros y adultos, son saberes adquiridos tras años de malgastar el tiempo. Probablemente así sea dentro del exitoso esquema del progreso, pero ¿de qué serviría vivir sin fracasos y no aprender, sea lo que sea, en el proceso de depuración?
–Ginebra puso su nombre como marca a nivel internacional. ¿Conoces a Monroe de Wow Girls?– He confiado durante años en Lechuga y en todo lo que representa, lo único que en este momento me hace dudar, dados los últimos acontecimientos, es si nuestros conocimientos innecesarios serán suficientes para seguir sobreviviendo dentro de las reglas básicas de salud humana.
–No.
–Es una teen rusa que se parece a Hit Girl de Kick–Ass. Se hizo conocida por un video donde huevea con un paraguas rojo, con ese puro video alcanzó la fama. ¿Por qué? Porque encontraron la fórmula. A mí no me gusta, pero por ahí va la mano mainstream ahora, teens comunes y corrientes, pero que hacen performances más arriesgadas. Actualmente se retiró, pero si hubiese seguido dos años más habría terminado cabalgando sobre algún tipo, hubiese sido su peak y un éxito rotundo. Eso es lo que logró Salomón Ginebra…
–¿Montarse un negro?
–No, deja terminar el ejemplo. Por otro lado tenemos la historia de Digital Playground, los que hicieron “Pirates XXX”. Siempre ganan los premios de fotografía y dirección en los AVN Awards. Porno sofisticado que, gracias al fenómeno Suicide Girls, se glamourizó hasta que terminamos teniendo a X Art; las minas más hermosas del negocio…
–…El nicho perfecto para Monroe.
–Exacto. Ahora lleva eso mismo, pero al underground, ¿qué te explica eso?
–¿Que meterse un paraguas puede ser doloroso pero trae sus recompensas?
–Que es necesario innovar, encontrar la fórmula. Eso hizo Ginebra, eso lo volvió único. Claro, con situaciones que hacen que lo de Cannibal Cupcake se vea como un capítulo de los Cariñositos, pero es innovación al fin y al cabo.
–¿Por eso es tan peligroso todo esto, porque dentro de su negocio el tipo es un genio?
–La envidia y la violencia son hermanas dentro de la misma fantasía.– La aclaratoria conversación da paso a varias horas de espera y dolor en las llagas. Mientras el sol estaba en retirada, el sonido de unos tacones anticipa a la presencia de nuestro contacto, apago el cigarro y despierto a Lechuga, quien se había quedado dormido apoyado en el barandal del paradero. Vestida con un amplio abrigo de algo que simula ser piel de animal, Carlita se presenta ante nosotros como una reina orgullosa de su andar. Su ropa, su voz, su cabello rubio enrollado como un panal de abejas, las prótesis que parecen querer explotar a través del escote, todo en ella parece ser exagerado. Nos extiende la mano para que la saludemos como a una dama, solo Lechuga entiende el gesto.

–Supongo que ustedes son mis guardaesp… ¿Papito, qué te pasó en la cara?– Carlita me mira preocupada, me toca uno de los machucones de la frente; retiro el rostro rápidamente, no queremos preguntas que puedan delatar lo que pasó, nada que dé pistas sobre la situación que estamos viviendo.
–Me caí en bicicleta, se me olvidó cómo andar– No se traga la historia, pero tampoco sigue indagando. A pesar de ser una diva, prefiere caminar, el estudio queda a tan solo 20 minutos de paso regular. La noche irrumpe, vemos cómo los locales van cerrando y las esquinas se van poblando. Un par de travestis saludan a Carlita. Esta responde sin profundizar más allá del gesto de cortesía. Una vez alejados del rango auditivo de las mujeres… u hombres, nos comenta:

–Aquí hay que tener cuero de chancho. El barrio cambia demasiado durante la noche, se llenó de maracas envidiosas, arman bandas, atacan a las más débiles. Por eso ustedes están aquí. Para cuidarme– Lechuga me sonríe. Claro, no somos capaces de cuidarnos entre nosotros, pero al menos proyectamos la ilusión de seguridad para alguien más.
–Yo salí de las calles y ahora estoy en la pantalla, ¿cachai flaquito?– Carlita se engancha del brazo de Lechuga, parece no incomodarle– Eso le pesa a cualquiera.  Aquí todos quieren que fracases, todos quieren que te mantengas en el mismo hoyo y si demuestras que eres diferente, que tienes otras ambiciones, te sacan la cresta. Hueona, yo vi cómo a una niña le lanzaron una papa con gillettes en la cara, pobrecita, no quedó útil para nada. Aún así, a pesar de todas las amenazas y los golpes, sigo adelante. Quizás no tan digna como a mis papis les gustaría, pero luchando por lo que quiero…– Sus palabras me hacen sentido. Al final del día todos somos iguales, todos sangramos por lo mismo. Algunos mentimos y nos arriesgamos para sacar adelante nuestras vidas, otras ponen en riesgo su pellejo trabajando con psicópatas. Con tal de subsistir, cada uno pelea su propia guerra contra lo que consideramos soportable.

Llegamos al estudio y su calor habitual. Entramos con miedo, usando a Carlita de escudo sin que lo note. Miro alrededor buscando vestigios de la batalla que libramos temprano, no encuentro ninguno. Los focos han sido reemplazados y las huellas de la golpiza fueron disimuladas. Ginebra y su aspecto de diablo se acercan velozmente sin emitir sonido ni expresión, me protejo y preparo para lo peor. Lechuga se pone en guardia, esperando un nuevo embate. Aprieto los ojos y me cubro la cabeza. El golpe nunca llega. Nuestro nuevo jefe le jala el pelo a Carlita y le mete la lengua dentro de la boca violentamente, comiéndose las caras en un largo beso. Lechuga se encoge de brazos mientras intento ignorar la escena.

–¿Te trataron bien estos pendejos?
–De maravilla, son unos caballeros– Carlita pellizca el único espacio sano de mi rostro, sé que es en señal de cariño, así que intento no quejarme.
–¿Quería negociar el par de güeones?– Volvemos a existir para Ginebra, nos dirige la palabra mientras se abraza a las caderas de nuestra nueva amiga– Gánense mi confianza entonces, cabros. Ahora comienza la pega; Mijita, desnúdese, los chiquillos te van a colaborar hoy. Grabamos en 25 minutos– Carlita nos mira de forma pícara mientras se deshace de su abrigo de piel. En cuestión de segundos sus  intenciones quedan al descubierto. Ese par de tetas es el siguiente bache en el camino que, de alguna manera, debemos superar.

Written by E. Lara

Periodista. Fundador de Misanegra.cl, Editor General en HxcLife.com | Ateo, zurdo, insomne, colon irritable crónico, coleccionista de música.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

POKE – Capítulo #007

POKE – Capítulo #012